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Historia

Prolegómenos y creación de la Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica (SAIB). Dr. Rodolfo R. Brenner. 

Antes de la existencia de SAIB, los que hacíamos investigación bioquímica teníamos realmente un solo foro importante nacional donde exponer nuestros trabajos, discutirlos, escuchar a otros y obtener nuevas ideas: Los Congresos de la Sociedad de Fisiología. Es necesario aclarar que sin embargo algunos trabajos se presentaban también en la Sociedad de Biología y Congresos de Química. 

Ese sistema fue satisfactorio por algunos años y asistimos así entre otros a Congresos en Punta del Este, Riberao Preto (1961), Leyden (Holanda) (1962) y Viña del Mar (1964). Actuábamos bajo la sombra protectora de la Fisiología, liderada con toda razón por la figura de Don Bernardo Houssay. Debemos recordar que Bernardo Houssay era nuestro premio Nobel y el promotor de la ciencia organizada, especialmente, la Fisiología, no sólo en nuestro país, sino en toda Sud América. El veía con mucha satisfacción que la Fisiología y la Bioquímica presentaran sus investigaciones en un mismo congreso, para utilidad mutua. 

Sin embargo algunos de los que realizábamos investigaciones bioquímicas, especialmente en nuestra cátedra de la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata, en la del Dr. A. Stoppani de Medicina de Buenos Aires y otros que estaban junto a Leloir comenzamos a observar que el número y calidad de los trabajos de bioquímica habían crecido en una forma extraordinaria en esos congresos. Además, el número de investigadores en bioquímica había aumentado enormemente así como los centros dedicados a esos temas y formaban una parte científicamente muy importante de los argentinos asistentes. 
Para Stoppani y para mí el momento definitorio creo que fue el XXII Congreso Internacional de Ciencias Fisiológicas en Leyden, Holanda en Septiembre de 1962. Yo venía del VII Congreso Internacional sobre Problemas Bioquímicos de los Lípidos (Birmingham, Inglaterra) donde habíamos presentado trabajos, escuchado comentarios inteligentes y aprovechado al máximo el foro bioquímico. 

El congreso de Leyden, si bien importante para los Fisiólogos, nos afectó a Stoppani y a mí, con el que me había encontrado allí, en forma neta en lo que se refería a la necesidad de nuclear a la Bioquímica científica argentina. 
Cuando tuvimos que presentar, junto con otros bioquímicos, nuestros aportes científicos respectivos nos encontramos limitados a un grupo minúsculo y en un saloncito también minúsculo. Indudablemente habíamos perdido el tiempo. Cuando salimos, ambos, Stoppani y yo, y así lo expresamos, estábamos convencidos de que la Bioquímica Científica Argentina estaba necesitando una sociedad propia, y especialmente Congresos propios. 

Llegamos así a noviembre del año 1964, al VI Congreso Internacional de la Asociación Latinoamericana de Ciencias Fisiológicas en Viña del Mar, Chile. Luego de las sesiones, a la noche, nos reuníamos allí en un cómodo salón para conversar ya definitivamente sobre las posibilidades y ventajas que traería en la Argentina separar la Bioquímica científica de la Fisiología, claro sólo de manera formal. Estaban en esa reunión acompañándome investigadores de mi cátedra de La Plata, la Dra. M. E. De Tomás, el Dr. O. Mercuri, el Dr. R. Peluffo, el Dr. A. M. Nervi y la Dra. M.J. T. de Alaníz y además el Dr. L. F. Leloir, así como otros argentinos cuyos nombres no recuerdo. Estaba también acompañándonos el Dr. O. Cori, prestigioso químico chileno. En la reunión no hubo ninguna discrepancia y por unanimidad se consideró que la investigación científica bioquímica del país había llegado a un grado de madurez, desarrollo e independencia que sería beneficioso para ella agruparse en una Sociedad científica independiente y sobre todo realizar reuniones independientes. El Dr. Cori pese a ser chileno nos dio también su entusiasta apoyo.

Era en cierta forma perentorio y caballeresco saber qué pensaba el Dr. Houssay. Muy políticamente comenté el problema con él y si bien no le resultó demasiado placentera esa separación, no se expresó negativamente. En realidad, con su perspicacia entendía muy bien la situación.

Esas ideas vagamente bosquejadas fueron extendiéndose más concretamente y en 1965, no recuerdo la fecha, realizamos, una reunión definitoria en el saloncito-comedor del Instituto Campomar de Leloir en Vuelta de Obligado 2490. Estábamos presentes el Dr. Luis F. Leloir, el Dr. Andrés O. Stoppani, el Dr. Federico A. Cumar y yo, Rodolfo R. Brenner, representando cuatro grupos diferentes de investigación del país y tres zonas: Buenos Aires, La Plata y Córdoba. En realidad iba a estar presente el Dr. R. Caputto pero su necesidad de realizar unos trámites hizo que enviara al Dr. F. A. Cumar.
No hubo discrepancias.

Inmediatamente se decidió convocar prontamente a una reunión de investigadores en el área bioquímica del país, sin distinción de carreras y plantear en ella formalmente la conveniencia de reunirse en una sociedad científica. Eso es lo que propiciábamos.

Se propuso además, especialmente por sugerencia del Dr. Stoppani, que la misma se llamara "Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica", para eliminar los equívocos de las sociedades profesionales en el área y sólo incorporar investigadores genuinos.

Se quería también evitar las discusiones, asperezas y aun enemistades ocurridas entre bioquímicos y químicos por problemas profesionales, principalmente por el asunto de las incumbencias.
Se sugirió también que el Dr. Leloir podría ser el primer presidente, por su enorme prestigio y yo lo acompañaría como secretario debido a mi entusiasmo en la creación de SAIB.

La nota de intención de creación de la sociedad fue firmada por los cuatro presentes y se sugirió también hacerla firmar por el Dr. Venancio Deulofeu y el Dr. Bernardo Houssay.

Poco tiempo después se realizó la reunión formal de creación de SAIB y se aceptó el criterio propuesto, características y nombre de la Sociedad así como los directivos sugeridos.
Las actas correspondientes las tuve en mi poder mientras fui secretario pero las transferí al presidente y secretario que me sucedieron. Ellas estaban transcriptas en un libro de actas ad hoc.

El 1965 se realizó la 1ª reunión de la Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica en Buenos Aires en la Cátedra del Dr. A. Paladini, a sugerencia del Dr. Leloir que no quería que todo se centrara en el Instituto Campomar. La reunión fue excelente y demostró lo acertado de la creación de SAIB.
Fue una reunión única en su género dado que en ella se le dio primordial importancia a que el grupo anfitrión nos describiera que hacían y como lo hacían.

Leloir y yo fuimos designados sin limitación en el tiempo y estuvimos en la dirección de SAIB de 1965 a 1969. Bien pronto el Dr. Leloir consideró que esa permanencia no sería conveniente para la evolución de SAIB y renunció proponiendo una renovación periódica de las autoridades de la sociedad.
Ese fue el criterio adoptado desde entonces.

En aquella época, la SAIB incipiente, era una asociación científica de amigos, extraordinariamente informal pero muy rigurosa. Hasta mi presidencia de 1971 a 1972 se mantuvo ese criterio y esa estructura. Luego vino el Dr. R. Caputto que con criterio más formal le dio estructura legal. Debido a que en aquellos tiempos el grupo de asociados era pequeño, las reuniones científicas anuales de la sociedad se podían realizar y se realizaban en diversas ciudades del país, siendo responsable el director del grupo local que organizaba todo el evento. Eso ya no es prácticamente posible hoy día.

Quiero sin embargo hacer referencia especial a la VI Reunión Anual de SAIB que organizamos en la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata en 1970. Esta fue una reunión única y probablemente nunca mas se repetirá. La causa fue que el Dr. F. Leloir acababa de recibir su premio Nobel y nuestro Congreso estaba de fiesta. Leloir era agasajado y asediado por periodistas. Todos que tanto lo queríamos gozábamos con él. Pero probablemente el toque más emotivo fue cuando fuimos con Leloir a almorzar al Comedor de Estudiantes de la Universidad de La Plata. Leloir, con su sencillez y llaneza, entró y simplemente tomó su bandeja para servirse su comida. Eso fue suficiente y tuvo una ovación estruendosa de los estudiantes que nos emocionó. Además en ese congreso fue la primera vez que se invitaron a investigadores extranjeros prestigiosos. En esa oportunidad fueron S. Wakil, L.L. M. Van Deenen y G. Weber.